El pasado 11 de julio, los Jardines de la Torre Mocha de Guadalcázar acogieron un emotivo acto de recuperación de la memoria histórica: la inauguración de una escultura y la presentación de un libro dedicados a Diego Fernández de Córdoba y López de las Roelas, I Marqués de Guadalcázar, quien fue virrey de la Nueva España y del Perú durante el siglo XVII.
El evento, impulsado por la Diputación de Córdoba y el Ayuntamiento de Guadalcázar, supuso un homenaje largamente esperado por la localidad, que, en palabras de los organizadores, “tenía una deuda con su pasado”. A través del arte, el municipio quiso rendir tributo y reconocimiento a uno de los personajes históricos que marcó el devenir de esta pequeña localidad cordobesa.
La escultura fue fruto del trabajo conjunto de cuatro artistas: Rafael Pulido y Luis Toscano, naturales de Guadalcázar, junto a Tamara Lara y Miguel Fernández, de Córdoba. El proyecto nació del interés de la actual corporación municipal por poner en valor la figura del Marqués, y contó con el compromiso de este equipo multidisciplinar que desarrolló la propuesta artística combinando tradición y vanguardia.
La obra destacó por su carácter colaborativo y por la fusión de materiales y técnicas. Su realización incluyó procesos de talla en piedra, vaciado, moldeado, forja y fundición, integrados con nuevas tecnologías como el corte con diamante y la impresión 3D.
A partir de uno de los escasos retratos pictóricos del Marqués, se elaboró una tridimensionalización de su figura, respetando su expresión original pero con un enfoque conceptual y contemporáneo. Una de las piezas más significativas fue una placa en relieve donde se representan las manos del personaje vertiendo gotas de mercurio (azogue) sobre una moneda de plata de Potosí, en referencia al fenómeno histórico del comercio transatlántico y al papel central que tuvo el Marqués en el desarrollo económico del Imperio Español. Esta imagen evocó no solo progreso y poder, sino también el esfuerzo y sufrimiento de los trabajadores españoles e indígenas americanos.
La escultura se instaló en uno de los laterales del Parque de la Torre Mocha, junto a la pared de la parroquia, en una ubicación que realzó su carácter sobrio y monumental, en consonancia con el estilo herrerriano predominante en el entorno.
Los materiales empleados incluyeron un pedestal de acero corten, una estructura de chapa de hierro forjado para la indumentaria, mármol blanco de Carrara para la gola o lechuguina, caliza marmórea rosa de Cabra para la cabeza, y resina de poliéster con imitación de mármol para el relieve de las manos.
Durante el acto también se presentó el libro biográfico dedicado al Marqués, obra del cronista oficial Francisco Aguayo Egido, que recogió con detalle la vida y contexto histórico de Diego Fernández de Córdoba, nacido en Sevilla el 9 de febrero de 1578 y fallecido en Guadalcázar el 6 de octubre de 1630. Fue virrey de la Nueva España entre 1612 y 1621, y posteriormente virrey del Perú entre 1622 y 1629, consolidándose como una figura clave de la administración virreinal en América.
El acto reunió a vecinos, autoridades y amantes de la historia, y constituyó un paso significativo en la recuperación del legado cultural de Guadalcázar, donde el arte se convirtió en vehículo de memoria, orgullo y reconocimiento.


